En plena explosión del Thrash alemán durante los años 80, mientras nombres como Kreator, Sodom y Destruction comenzaban a consolidarse, otras bandas emergían desde las sombras con propuestas igual de agresivas, pero menos reconocidas. Una de ellas fue Necronomicon.
En 1987, la banda lanzó Screams, un material que encapsula perfectamente la crudeza del underground europeo de la época. Lejos de producciones pulidas, este trabajo destaca por su sonido áspero, directo y sin concesiones, donde los riffs veloces y la ejecución intensa toman el protagonismo.
Screams no busca sofisticación ni técnica desbordante; su esencia radica en la energía. Cada tema transmite esa sensación de urgencia característica del Thrash primitivo, con estructuras simples pero efectivas, acompañadas de una voz agresiva que refuerza el carácter del álbum.
Si bien el disco presenta ciertas irregularidades en composición y producción —algo común en lanzamientos de la escena underground de aquellos años—, también ofrece momentos sólidos que reflejan el potencial de la banda y su compromiso con el género.
Más que un clásico indiscutible, Screams se mantiene como una pieza de culto para los seguidores del Thrash más crudo, representando una etapa donde el Metal se construía desde la actitud, la velocidad y la convicción.
Hoy, este lanzamiento sigue siendo un testimonio del movimiento underground alemán: imperfecto, feroz y auténtico.

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