Pocos nombres suenan tan podridos, brutales y auténticos en el underground como Impetigo. Esta banda no solo hizo ruido: construyó un culto.
Desde finales de los 80, los estadounidenses soltaron una mezcla salvaje de death Metal primitivo, grindcore mugroso y samples sacados directo del cine de horror más enfermo. Su sonido era crudo, sucio y sin maquillaje… justo como debe ser el Metal extremo.
Discos como “Ultimo Mondo Cannibale” y “Horror of the Zombies” no buscaban ser perfectos: buscaban ser violentos, grotescos y memorables. Y lo lograron. Su influencia se coló en generaciones enteras de bandas de goregrind, death Metal underground y todo lo que huela a putrefacción sonora.
Impetigo nunca fue una banda de masas, fue una banda de culto. De esas que encuentras por recomendación, en un cassette viejo o en listas de verdaderos enfermos del Metal… y cuando entra, ya no sale.
Respeto total a una agrupación que convirtió el horror, la mugre y la brutalidad en identidad. Impetigo no solo tocó Metal extremo: ayudó a definir lo que significa sonar verdaderamente podrido.

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